Xenofobia, la sombra y la vergüenza de ser porteño.

Publicado: diciembre 11, 2010 en Artículos

Por Hugo Basile

 

“Podemos ser lo mejor, pero también lo peor, con la misma facilidad”

La argentinidad al palo – La Bersuit Vergarabat

 

Y lo que se venía tapando desde hace años en la ciudad de Buenos Aires emergió, como emerge todo aquello que está oculto. Emergió por miedo, por torpeza, por ignorancia y por desidia, pero emergió.

La xenofobia, la necesidad de diferenciarse de otro diferente a quien se considera inferior, brotó en la ciudad de Buenos Aires desde sus propias autoridades.Y brotó como excusa que permite canalizar la violencia de cierto sector de la clase media que no puede ver más allá de sus propias narices..

Y no ver más allá de sus propias narices implica que no logran hilar razones, causas y efectos, y tampoco les importa, porque su necesidad es la de diferenciarse, y si no lo puedo hacer por medio de mi discurso lo hago eliminando al otro. Muchos de ellos, votantes de Macri, continúan identificados con el modelo neoliberal que los formó y al cual, por mera identificación de voto, suponen  estar próximos.

Anoche veía a un pobre tipo haciendo una convocatoria a los vecinos de la ciudad “porque mañana te puede pasar a vos que se te instalen en tu plaza” al mismo tiempo desligaba la convocatoria de toda connotación política: : No queremos banderías políticas”. Pobre estúpido, y quisiera saber como se resuelve semejante situación si no es  desde lo político.

Conozco muchas caras atravesadas por la ignorancia que justifican la xenofobia, la violencia, la expulsión. La mayoría de ellos hijos de inmigrantes, en su mayoría muertos de hambre, como mi abuelo, que vinieron a este país con una mano atrás y otra adelante..

Todo esto que ocurre, terrible, en estos días tiene muchos componentes, todos de raigambre cultural de un país racista, que si bien tiene una constitución que reza lo contrario, y una excelente ley de migración, se siente superior a su compatriota latinoamericano, se siente mejor, mas blanco por lo tanto mas bueno, sin  saber que arrastra la impronta del colonizador.

Una impronta que desde la colonización se sigue arrastrando, por eso matamos a nuestros compatriotas negros, luego a los originarios y finalmente a los criollos, sin contar a la demonización del llamado “aluvión zoológico” los “cabecitas negras”.

Todas estas distinciones solo pueden hacerse desde una supuesta superioridad, muchas veces con la ilusión se sentirse europeos o usamericanos. Esta cuestión cultural, colectiva, esconde al mismo tiempo un funcionamiento psíquico que Jung describía como la sombra, ese espacio del psiquismo al cual enviamos todo aquello que nos avergüenza de nosotros mismos, ya sea positivo o negativo. Muchas veces nuestros odios mas vergonzantes se mantienen latentes en esta instancia, hasta tanto aparezca un hecho externo, una confluencia social, o un brujo que  convoque a esos demonios que tengo bien escondidos que, habilitados por esa convocatoria, ahora se desatan y muestran quienes son.

Estos son los porteños que durante estos días apoyaron y apoyan la violencia xenófoba convocada por un jefe de Gobierno insano, mostrando la bestialidad que habían mantenido ocultos durante tanto tiempo, peinaditos y limpitos, paseando a sus perros.

Sus argumentos tapan su propia ignorancia, como lo hicieron durante la dictadura, y como lo hicieron siempre, volviéndose a esconder cuando las papas quemaban, cuando mostrarse como son era vergonzante, pero que vuelven a aparecer otra vez, convocados por el arquetipo del porteño, que es su jefe de gobierno, elegido por ellos.

De la misma manera que Hitler encarnó el arquetipo de la violencia racista y los alemanes se montaron en “eso” que los habilitaba a expresar lo que ya sentían, los porteños se han montado en las palabras de este neoliberal con aspiraciones a nazi, con características psicópatas, que les permite expresar lo que ya sienten.

Soy docente, Psicólogo Social y en nuestro programa de estudios incluímos la temática de la discriminación atravesando cada temática, y cuesta, y duele ver caras que asienten pero que al mismo tiempo muestran el desacuerdo en el respeto por lo diferente. Que callan y asienten, pero minutos después justifican sus propias conductas racistas, enarbolando en la justificación su sentimiento de superioridad cultural por sobre la del otro “ que no sabe  comportarse adecuadamente”. El “Peroísmo” inhabilita cualquier argumento previo

Tenemos una Constitución maravillosa, y tenemos Derechos Humanos que nos asisten, y tenemos una ciudad que no está a la altura ni de unos ni de otros: no existe capacidad moral aún desarrollada para cumplir con la Constitución, y no existe suficiente solidaridad, compasión, humanidad, para, ya no reclamar por los propios derechos, sino para hacer valer los derechos del otro, que es el punto de partida para que respeten los propios. Así funciona.

Tenemos hoy en Soldati, adultos que les están enseñando a los jóvenes a ser violentos con el diferente. Son los mismos adultos que después se quejan de la violencia de los jóvenes sin ver que ellos día a día, gota a gota, contribuyen para generarla. Son adultos que se llenan la boca con “la argentinidad” pero que lisa y llanamente se cagan en el preámbulo de su Constitución.

Me avergüenza ser porteño, así no haya votado a Macri, así no trate despectivamente a mis hermanos latinoamericanos. Me avergüenza sentir lo poco evolucionados que estamos como sociedad. Me avergüenza que una y otra vez seamos funcionales a las figuras de la muerte que intentan reeditar, casi con idéntica fecha y hora, otros diciembres que pensamos ya habían quedado en el pasado. Me avergüenza ser porteño porque una vez más estamos mostrando, casi orgullosamente, cuán animales somos como personas, como humanos.

Me avergüenza que por primera vez no estemos a la altura de la punta de lanza que es este Gobierno Nacional que hoy tenemos, que en muchas cosas, como ayer, Día de los Derechos Humanos, nos da el ejemplo y que por dar ese ejemplo nos hace sentir insultados. Pero esta es la conducta del hombre en bruto, de las bestias, de la sombra construída por intentar mostrar que somos lo que no somos, por comprar la lobotomización que nos ofrecen los medios y pensarnos piolas y cancheros.

Esto es lo que hay, cristianos truchos que apalean al cristo que hay en cada hermano latinoamericano y en cada pobre. Católicos truchos que no abren la boca, que no curan al enfermo, que no alimentan al hambriento, que tienen su biblia en su mano y que ese objeto los hace sentir buenos, pero tienen la oscuridad de Jehová, dios de los ejércitos que, no olvidemos, se deleitaba con el olor de la carne quemadas y de la sangre derramada en sacrificio.

Hoy el porteño muestra su sombra, y puede mostrar que tan macho es apaleando a mujeres embarazadas, a mujeres con sus criaturas, a jujeños y salteños, que son argentinos, pero como se parecen fisonómicamente a bolivianos y paraguayos demosle igual. Quizás son los mismos porteños que se emocionan luego viendo Belgrano, sin ser concientes que quienes guerrearon para ganar la patria tenían los mismos rostros que hoy apalean y golpean.

No seré extremista en decir que esto es lo que somos, porque por suerte, hay muchos mas que se oponen a la barbarie que los que la están llevando adelante, sin embargo si digo que esto también somos. Es lo suficiente para sentirme avergonzado de ser porteño, sin embargo soy conciente de que la vergüenza es un indicador casi físico, al igual que la culpa, del límite donde empieza mi propia sombra: Yo no quiero ser como estos porteños que me avergüenzan, pero el hecho de que me avergüencen prenden la luz de alarma indicándome que quiero separarme de eso que también soy, algo de mi está ahí por mas que no esté, formo parte del mismo cuerpo social y quizás no haya hecho lo suficiente, no haya puesto suficiente de mi parte para contribuir, para transformar ese cuerpo social.

Los próximos días, además de lágrimas, nos dejaran nuevas enseñanzas, pero la principal, que es preguntarnos con que cara, después de haber golpeado al hermano necesitado, nos sentamos a festejar la navidad, el nacimiento del cristo en el alma humana. Esto también forma parte de la sombra, que una vez más comenzaremos a alimen

Anuncios
comentarios
  1. Ra Amon dice:

    Buen comentario.
    La verdadd es que apesar de nuestros esfuerzos, hasta hoy no hemos alcanzado a comprender el alma argentina (o porteña).
    Desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), un saludo, pero estoy seguro de que no todos guadan una bestia en el alma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s