La madre de todas las crisis

Publicado: julio 7, 2010 en Artículos

Fuente:
Revista Futuros
Publicado en Revista Futuros No. 22 Año 2008 Vol. VI
www.futuros21.info
Al preparar este número de Revista Futuros dedicado a las crisis de este siglo XXI se
les hizo evidente a los editores que los activistas de un cierto tema suelen suponer que
el asunto sobre el cual trabajan es el que debiera gozar de absoluta prioridad en la
atención mundial. Es lógico. Al asumir que es el más grave se dedican en cuerpo y alma
a trabajar por su solución. En ocasiones no sólo subvaloran erradamente la relevancia
de otras causas, sino que –mostrando vocación por las teorías conspirativas- las ven
como una deliberada distracción que alguien perverso construyó para desviar la
atención de “lo esencial”. Las cosas serían más sencillas si fuesen de ese modo; pero
lamentablemente, no lo son.
Hay preguntas incómodas que no por serlo deben ocultarse debajo de la alfombra.
¿Es posible aportar salud pública sustentable para personas que continuarán viviendo
en la pobreza? ¿Tiene sentido resolver la miseria a expensas de acabar con el hábitat
que sostiene a nuestra especie en su conjunto? ¿De qué sirve invertir en educación si
luego los graduados emigran y se ponen al servicio de empresas que operan de tal
manera que contribuyen a reproducir la pobreza en su país de origen? ¿Tiene sentido
dar ayuda humanitaria para salvar una vida en un momento dado si luego nos
desentendemos del curso miserable de su existencia? Y la interrogante inescapable:
¿se necesitan reformas o revoluciones?
El incremento en la frecuencia y poder de destrucción de los desastres “naturales” tiene
que ver hoy con el impacto que sobre nuestro hábitat tenemos como especie. El
calentamiento global, el agujero en la capa de ozono y otros desafíos que generan
mayores índices de cáncer, desertificación o tormentas están asociados a la aceleración
de procesos naturales y a la inducción de otros, como resultado de la actividad humana
en el planeta.
Hemos alcanzado poderes divinos con nuestras tecnologías: podemos crear nuevas
formas de vida o destruir las existentes. Sin embargo, no hemos demostrado sabiduría
divina para emplear del mejor modo los extraordinarios poderes adquiridos por vía
tecnológica.
El incremento de productividad obtenido por nuestra revolución tecnológica permite talar
bosques a una velocidad mayor que la del ciclo natural para su reposición, o consumir
hasta extinguir a otras especies en breve plazo. El actual crecimiento económico de
países como China y la India permite la expansión masiva de una clase media cuyo
status simbólico se mide todavía por el acceso a patrones de consumo occidental, los
cuales datan del tiempo en que nuestra productividad era muy inferior y los recursos
planetarios parecían inagotables.
Nuestras ideas, estilos de vida y sistemas de organización social no han tenido en
cuenta esos cambios y están peligrosamente desfasados. Padecemos de una
disfuncionalidad creciente para asegurar las condiciones de subsistencia de nuestra
2
especie, como resultado de esa distancia entre la realidad que hemos creado y la
anacrónica percepción que tenemos de ella. Hemos revolucionado nuestras
tecnologías, pero no las herramientas intelectuales y sociales para comprender el
mundo nuevo y adaptarnos a él de forma provechosa.
En la paradoja entre la nueva realidad tecnológica y su empleo destructivo -dictaminado
por viejas concepciones económicas, políticas y sociales- es donde radica la madre de
todas las crisis del siglo XXI. Puede alegarse, con plena razón, que existen poderosos
intereses que se verían afectados si se abriese espacio a nuevas formas de pensar y
producir. El más socorrido ejemplo es el de la resistencia del sector petrolero a que se
produzca la necesaria evolución hacia el empleo de energías renovables. Pero también
es cierto que la gravedad de la crisis en que ha sido puesto el hábitat que sostiene a la
especie humana (inclusivo por igual de ricos y pobres) es de tal alcance que en pocas
décadas más no habrá futuro para nadie; las condiciones de nuestra existencia se
habrán tornado insoportables y ello, a su vez, acarreará turbulencias sociales de gran
magnitud.
La transición que demanda la supervivencia de nuestra especie no es meramente de
concepciones políticas, sino de un modelo civilizatorio que ha sido hasta ahora
abrazado tanto por el capitalismo como por el socialismo realmente existentes. El modo
en que nuestras sociedades se relacionan con el hábitat, la manera en que están
estructuradas sus relaciones sociales de producción y convivencia, ha quedado
desfasado con las tecnologías que hoy están a nuestro alcance. La tala de árboles para
producir el papel con el que se publicaban libros y periódicos no ponía en peligro la
existencia de los bosques, cuando el corte se hacía a mano, la población mundial era
mucho menor y, en gran parte, analfabeta. Las emisiones de carbono de los autos con
motores de combustión eran imperceptibles a mediados del pasado siglo, pero la
masificación de la producción de automóviles y el crecimiento de las clases medias en
países como India y China –que ahora pueden adquirir ese medio de transportesupone
niveles de emisión que ya gravitan de manera critica en el aceleramiento de los
procesos de calentamiento global.
Nos queda poco tiempo para aprender a pensar y hacer las cosas de otro modo. Los
llamados desastres “naturales” ya no lo son tanto. El peor de todos – y raíz de muchos
otros- lo constituyen nuestros esquemas mentales y una manera miope y mezquina de
entender nuestras opciones.
Revista Futuros continuará por ello insistiendo en la necesidad de construir un nuevo
paradigma de desarrollo humano sustentable. Confiamos en que nuestra región pueda
hacer la transición intelectual del estatismo y neoliberalismo de las últimas décadas
hacia un pensamiento complejo e integral, capaz de renovar las visiones sobre el
desafío del desarrollo en las circunstancias propias del siglo XXI.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s